domingo, 15 de agosto de 2010

La publicidad necesita de la literatura

“Todos somos publicistas por naturaleza, pues todos creamos para los demás una percepción de nuestra imagen. La diferencia está en que los publicistas cobramos por hacerlo… a las profesionales que cobran por hacer algo que otra hacen gratis en sus casas las llaman, con desprecio, putas” GUSTAVO RODRÍGUEZ.


Con esta reflexión, Gustavo Rodríguez, culmina una columna titulada, “Soy publicista, y qué” publicada en su libro “Traducciones peruanas”. El texto habla sobre el prejuicio que los literatos (y periodistas), en sus círculos más cercanos, expresan hacia la labor del publicista. La razón: creo que se debe a que los escritores y periodistas ven a los publicitas como materialistas, impulsores de la injusticia social y del crecimiento de las brechas culturales entre ricos y pobres. Esto está ligado al hecho de que algunos malos publicitas proyectan una imagen negativa de la publicidad, y esta no pasa desapercibida, pues el trabajo del publicista es justamente lo contrario: llamar la atención.

Pero la publicidad no debe ser vista como algo negativo, pues esta también busca la mejora de la sociedad al igual que la literatura, cada una a su modo. Mientras la literatura busca, a través de las historias que narra, la reflexión del lector frente a determinados temas. La publicidad busca eso a través una campaña televisiva contra la desnutrición, o incentiva la donación para la Teletón. Ambas buscan objetivos similares, ciertamente cada una a su estilo.

Pues bien, tampoco podemos negar que el fin fundamental de la publicidad es vender un producto determinado. Pero esto no debe ser visto como algo malo. La publicidad tiene que ocuparse de vender sin lastimar la susceptibilidad de su público, vendiendo productos de manera inteligente y creativa, no solo mostrando muchachas curvilíneas en diminutos bikinis diciendo que compremos tal marca de cerveza.

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