domingo, 12 de septiembre de 2010

El deber y la gloria

          Estudio Ciencias de la Comunicación. Mi meta es especializarme en publicidad y, como quien no quiere la cosa también en relaciones públicas, aunque lo mío, creo yo, es más la publicidad, el diseño y la redacción publicitaria. No quiero ser soberbio, pero creo que a veces soy creativo.

Pues bien, todo esto me ha traído más de una vez la idea de ganar alguna vez algún premio por hacer mi trabajo, que espero ejercer. Algunas personas de mi entorno no confían mucho en mí, ya hablaré en otro momento de eso. Pues bien, decía que me preocupa mucho el valor que se le pueda dar a un premio en esta profesión, cuánto puede influir un premio en la publicidad, y si el afán de conseguir uno pueda ejercer una influencia negativa al momento de diseñar o redactar en publicidad.

Entonces, pensándolo muy bien, repito que esta idea no es nueva, aunque esto no asegure que mi conclusión sea correcta, aquí se las presento: el publicista no debe tener como prioridad el conseguir un premio por ejercer su trabajo.

Ya lo dice mi profesor de de redacción publicitaria de quien no recuerdo el nombre, siempre lo olvido. “Los publicistas somos mercenarios, hacemos las cosas por encargo”. Es decir, los publicistas no hacemos arte de lo que nos nazca, sino partimos de lo que otros, en este caso el anunciante quiere comunicar o mostrar. Entonces nos debemos a ese anunciante quien es el que nos paga el sueldo, y no podemos arriesgar el objetivo de llegar bien al público objetivo por tratar de hacer una pieza altamente artística pero sin ninguna relación con el anunciante y el mensaje que este quiere.

El profesional en publicidad debe pensar en su cliente, en decir el anunciante. Su deber es ofrecer un producto publicitario que transmita las características que hacen distinto al producto o servicio del cual se habla. Y si la idea lo permite, los premios llegarán por añadidura.

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